¿Niños conectados, infancias secuestradas? El juego como antídoto frente a las pantallas

Las pantallas forman parte de nuestra vida cotidiana y ofrecen importantes oportunidades de aprendizaje, comunicación y acceso a la información. Sin embargo, cuando ocupan demasiado espacio, pueden desplazar experiencias esenciales para el desarrollo infantil. Esta reflexión aborda el papel del juego como una herramienta para recuperar el movimiento, la conversación, la imaginación y los vínculos humanos en una sociedad cada vez más conectada digitalmente.

ARTÍCULO DE REFLEXIÓN PROFESIONAL CON SUSTENTO ACADÉMICO

Mgtr. Haydeé San Lucas P.

6/23/20267 min read

¿Niños conectados, infancias secuestradas?

El juego como antídoto frente a las pantallas

Por Haydeé San Lucas P.

ConCiencia en Movimiento

Hace pocos días participé en una reunión familiar con motivo del Día del Padre, como suele ocurrir en estos encuentros, al principio compartimos conversaciones, recuerdos y anécdotas. Sin embargo, después de un tiempo comenzó a suceder algo que seguramente muchas personas reconocerán: Algunos niños se fueron a jugar videojuegos, otros sacaron sus teléfonos. Incluso algunos adultos comenzaron a revisar mensajes o desplazarse por sus redes sociales.

Poco a poco, la conversación fue perdiendo participantes, los cuerpos permanecían allí, pero la atención parecía encontrarse en otro lugar. Aquella escena me hizo reflexionar, no porque las pantallas sean malas o porque la tecnología deba desaparecer de nuestras vidas. Sino porque me pregunté cuánto tiempo estamos dedicando a conversar, imaginar, jugar y compartir con quienes tenemos cerca, y sobre todo, me pregunté qué estamos dejando de hacer cuando una pantalla ocupa demasiado espacio en nuestra vida cotidiana.

Las pantallas no son el enemigo

Quiero dejar algo claro desde el principio: Este artículo no pretende demonizar la tecnología, sería injusto hacerlo. Durante la pandemia, millones de familias tuvimos que incorporar dispositivos digitales para que nuestros hijos pudieran continuar estudiando.

Yo misma fui una de esas madres que intentó retrasar al máximo la llegada del teléfono celular a la vida de sus hijos. Sin embargo, llegó un momento en que la educación virtual nos obligó a tomar decisiones diferentes.

De un día para otro, el celular, la tableta o la computadora dejaron de ser un lujo o una opción para convertirse en una necesidad. Gracias a la tecnología fue posible continuar aprendiendo, comunicándonos y manteniendo cierto grado de normalidad en circunstancias extraordinarias. Por eso, el objetivo no es declarar una guerra contra las pantallas, si no reflexionar sobre el equilibrio.

Cuando la dosis importa

En más de una ocasión, mi querido amigo Juan Andrés Guzmán solía recordar una frase atribuida a Paracelso: "Nada es veneno, todo es veneno; la diferencia está en la dosis."

Quizás pocas frases describen tan bien nuestra relación actual con la tecnología.

Las pantallas pueden ser herramientas extraordinarias, el problema aparece cuando comienzan a desplazar experiencias fundamentales para el desarrollo humano, tales como: Jugar, conversar, explorar, crear, moverse, imaginar o compartir tiempo con otras personas.

La pregunta no debería ser si los niños utilizan tecnología, la pregunta debería ser cuánto espacio ocupa la tecnología dentro de una vida equilibrada.

Lo que la ciencia nos dice sobre las pantallas según la edad

Las recomendaciones internacionales han evolucionado con el tiempo, pero existe consenso en algunos aspectos fundamentales: Durante los primeros años de vida, el cerebro necesita principalmente interacción humana, movimiento, exploración sensorial y juego, por ello, organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Academia Americana de Pediatría recomiendan evitar la exposición rutinaria a pantallas en menores de dos años, salvo situaciones específicas como videollamadas con familiares.

¿Por qué?

Porque un bebé no aprende únicamente observando, aprende tocando, moviéndose, explorando, escuchando voces reales, mirando rostros e interactuando con las personas que lo rodean. A medida que los niños crecen, la recomendación no es eliminar completamente las pantallas, sino acompañar, supervisar y equilibrar su uso con otras actividades esenciales para el desarrollo.

Lo que las pantallas sí pueden aportar

Sería un error ignorar los beneficios que la tecnología puede ofrecer, utilizada adecuadamente, puede favorecer:

  • El aprendizaje.

  • La creatividad.

  • El acceso a información.

  • El desarrollo de habilidades digitales.

  • La comunicación con familiares lejanos.

  • El descubrimiento de nuevos intereses.

Muchos niños han aprendido idiomas, programación, música, arte o ciencias gracias a recursos digitales de calidad. La tecnología puede enriquecer nuestras vidas, pero no debería sustituirlas.

Lo que las pantallas no pueden reemplazar

Por avanzadas que sean, las pantallas siguen teniendo límites, no pueden reemplazar completamente:

El movimiento

Ningún video puede sustituir la experiencia de correr, saltar, trepar o lanzar una pelota.

El cuerpo necesita moverse para desarrollarse.

La conversación

Las habilidades sociales se construyen escuchando, observando gestos, interpretando emociones y participando en intercambios reales.

La exploración

La naturaleza, los objetos, los espacios y las experiencias directas ofrecen estímulos que ninguna pantalla puede reproducir completamente.

El aburrimiento creativo

Aunque parezca extraño, aburrirse también es importante, cuando no existe una fuente inmediata de entretenimiento, el cerebro comienza a buscar alternativas: Imagina, inventa, crea, explora, muchas de las mejores ideas nacen precisamente en esos momentos.

¿Cuándo deberíamos preocuparnos?

No se trata de contar obsesivamente cada minuto frente a una pantalla, sin embargo, algunas señales pueden invitarnos a reflexionar:

  • Irritabilidad intensa cuando se apaga el dispositivo.

  • Dificultad para disfrutar actividades fuera del entorno digital.

  • Escaso interés por el juego o la actividad física.

  • Problemas para mantener conversaciones.

  • Poca tolerancia al aburrimiento.

  • Reducción significativa de la interacción social.

Estas señales no significan necesariamente que exista un problema grave, pero sí pueden indicar que el equilibrio necesita ser revisado.

El juego como antídoto

Cuando hablamos de juego, muchas personas imaginan únicamente a niños corriendo en un parque, sin embargo, el juego es mucho más que eso, el juego es una necesidad biológica, psicológica y social. Es una de las formas más naturales de aprender, relacionarnos y desarrollarnos.

A través del juego los niños:

  • Regulan emociones.

  • Fortalecen vínculos.

  • Desarrollan creatividad.

  • Mejoran habilidades sociales.

  • Construyen confianza.

  • Aprenden a resolver problemas.

Por eso, el juego puede convertirse en un extraordinario antídoto frente a los excesos del mundo digital, no porque castigue a las pantallas, sino porque devuelve a los niños experiencias que las pantallas no pueden ofrecer completamente.

Juegos motores

Carreras, escondidas, búsquedas del tesoro, bicicleta, deportes recreativos y juegos tradicionales.

Favorecen la actividad física, la coordinación, la salud y el bienestar emocional.

Juegos cooperativos

Retos familiares, construcciones compartidas o dinámicas de colaboración.

Fortalecen la comunicación y el trabajo en equipo.

Juegos de mesa

Cartas, dominó, ajedrez o rompecabezas.

Desarrollan atención, memoria y pensamiento estratégico.

Juegos creativos

Dibujar, construir, dramatizar, inventar historias o crear escenarios imaginarios.

Estimulan la creatividad y la resolución de problemas.

Juegos verbales y narrativos

Adivinanzas, cuentos, canciones, trabalenguas y relatos familiares.

Favorecen el lenguaje, la imaginación y la conexión emocional.

Los abuelos: guardianes de historias, juegos y memorias

Cuando pienso en el valor de los juegos narrativos, inevitablemente recuerdo a mi abuelita Amada Muñoz, a quien todos conocíamos cariñosamente como: Mamadita. Ella ya no está físicamente con nosotros, pero muchas de sus historias siguen vivas en mi memoria.

Recuerdo cómo reunía a sus nietos (mis primos y yo) para contarnos relatos del Tío Tigre, el Tío Conejo, cuentos de animales, leyendas populares, adivinanzas y anécdotas que mantenían nuestra atención durante horas.

No necesitaba una pantalla.

No necesitaba internet.

No necesitaba efectos especiales.

Le bastaban su voz, su imaginación y nuestras ganas de escuchar. Hoy comprendo que aquellos momentos eran mucho más que entretenimiento, eran espacios de juego, de aprendizaje, de cultura y por qué no decirlo: eran espacios de amor.

Mientras escuchábamos aquellas historias, nuestro cerebro construía escenarios, personajes y aventuras que no aparecían en ninguna pantalla, nosotros mismos los creábamos. Quizás por eso muchos adultos recordamos con tanto cariño esos momentos compartidos con nuestros abuelos, ellos no solo transmitían historias, transmitían identidad, imaginación y sentido de pertenencia.

Guía práctica para las familias

Para niños pequeños

  • Leer cuentos diariamente.

  • Jugar en el suelo.

  • Cantar canciones.

  • Explorar texturas y objetos.

  • Realizar juegos motores simples.

Para niños en edad escolar

  • Organizar búsquedas del tesoro.

  • Practicar juegos tradicionales.

  • Utilizar juegos de mesa.

  • Realizar caminatas familiares.

Las caminatas no solo promueven actividad física. También favorecen conversaciones espontáneas, observación del entorno y tiempo compartido.

Para adolescentes

  • Deportes recreativos.

  • Senderismo.

  • Juegos de estrategia.

  • Retos familiares.

  • Actividades al aire libre.

Lo importante no es competir con la tecnología, lo importante es ofrecer experiencias suficientemente significativas para que los jóvenes descubran que también existe diversión, conexión y bienestar fuera de una pantalla.

Recuperar espacios de encuentro

Especialmente durante las comidas, los paseos o los momentos familiares.

No para jugar mientras se come, sino para conversar, compartir experiencias, hacer preguntas, contar historias y volver a encontrarnos como familia.

Dar ejemplo

Los niños observan mucho más de lo que escuchan, si queremos que desarrollen una relación equilibrada con la tecnología, nosotros también debemos construirla.

Reflexión final

Tal vez el desafío no sea eliminar las pantallas de la vida de nuestros hijos, tampoco regresar a una época que ya no existe. El verdadero desafío consiste en construir un equilibrio donde la tecnología ocupe un lugar saludable sin desplazar aquellas experiencias que siguen siendo esenciales para el desarrollo humano:

Jugar.

Conversar.

Imaginar.

Explorar.

Moverse.

Crear.

Compartir.

Porque una infancia necesita tecnología para vivir en el presente, pero necesita juego para construir el futuro.

Conversemos

¿Qué juegos recuerdas de tu infancia?

¿Hubo algún abuelo, abuela, tío o familiar que marcó tu vida a través de sus historias, juegos o relatos?

¿Crees que estamos ofreciendo a las nuevas generaciones suficientes oportunidades para jugar, conversar y compartir experiencias fuera de las pantallas?

Te invitamos a compartir tu reflexión y a seguir construyendo juntos una infancia más activa, consciente y humana.

Referencias

  • American Academy of Pediatrics. (2020). Media and Young Minds.

  • Brown, S. (2009). Play: How It Shapes the Brain, Opens the Imagination, and Invigorates the Soul.

  • Gray, P. (2013). Free to Learn.

  • Piaget, J. (1976). La formación del símbolo en el niño.

  • Vygotsky, L. S. (1978). Mind in Society.

  • World Health Organization. (2019). Guidelines on Physical Activity, Sedentary Behaviour and Sleep for Children Under 5 Years of Age.

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