Cuando jugar construye el cerebro: la importancia del desarrollo psicomotriz en la infancia

Cuando los niños juegan, no solo se divierten: exploran, aprenden, crean conexiones neuronales y desarrollan habilidades para toda la vida. Descubre por qué el movimiento es mucho más que actividad física.

ARTÍCULO DE REFLEXIÓN PROFESIONAL CON SUSTENTO ACADÉMICO

Mgtr. Haydeé San Lucas

5/30/20265 min read

Cuando jugar construye el cerebro: la importancia del desarrollo psicomotriz en la infancia

Por Haydeé San Lucas P.
ConCiencia en Movimiento

¿Qué sucede realmente cuando un niño juega?

Cuando observamos a un niño correr detrás de una pelota, saltar charcos, trepar un juego infantil o intentar mantener el equilibrio sobre una línea dibujada en el suelo, solemos pensar que simplemente está jugando. Sin embargo, detrás de cada movimiento ocurre un proceso mucho más profundo y fascinante.

Cada salto fortalece conexiones neuronales. Cada carrera desarrolla habilidades cognitivas. Cada desafío motriz construye confianza, autonomía y capacidad para resolver problemas.

El movimiento es uno de los primeros lenguajes del ser humano. Antes de aprender a leer, escribir o resolver operaciones matemáticas, los niños conocen el mundo a través de su cuerpo. Exploran, descubren, experimentan y aprenden moviéndose.

Por ello, hablar de desarrollo psicomotriz no es hablar únicamente de movimiento; es hablar de desarrollo integral.

¿Qué es el desarrollo psicomotriz?

El desarrollo psicomotriz es el proceso mediante el cual el niño construye progresivamente la relación entre su mente, su cuerpo y su entorno.

Según el psicomotricista francés Jean Le Boulch, el movimiento constituye una herramienta fundamental para el desarrollo global de la persona, ya que permite integrar aspectos motores, cognitivos, afectivos y sociales.

En otras palabras, cuando un niño aprende a coordinar sus movimientos, también está aprendiendo a pensar, sentir, comunicarse y relacionarse.

Por esta razón, el desarrollo psicomotriz no puede entenderse únicamente desde una perspectiva física. Se trata de un proceso multidimensional que influye en prácticamente todas las áreas del crecimiento infantil.

El cuerpo como primer maestro

Antes de reconocer letras o números, los niños aprenden mediante la acción.

El psicólogo suizo Jean Piaget explicó que durante los primeros años de vida el conocimiento surge principalmente de la interacción entre el niño y su entorno. El movimiento se convierte entonces en la puerta de entrada al aprendizaje.

Cuando un niño:

  • Gatea,

  • Corre,

  • Salta,

  • Lanza,

  • Atrapa,

  • Trepa,

  • Se balancea,

no solamente está fortaleciendo músculos y huesos. También está desarrollando:

  • Atención.

  • Memoria.

  • Orientación espacial.

  • Resolución de problemas.

  • Toma de decisiones.

  • Creatividad.

Por eso resulta un error considerar el juego o la actividad física como simples momentos de entretenimiento. En realidad, constituyen experiencias de aprendizaje altamente significativas.

Mucho más que habilidades motoras

Frecuentemente se asocia el desarrollo psicomotriz con la capacidad de correr más rápido o saltar más alto. Sin embargo, sus beneficios van mucho más allá.

1. Favorece el desarrollo cognitivo

Diversas investigaciones han demostrado que existe una estrecha relación entre movimiento y aprendizaje.

Las experiencias motrices estimulan diferentes áreas cerebrales involucradas en funciones ejecutivas como:

  • Planificación.

  • Concentración.

  • Memoria de trabajo.

  • Flexibilidad cognitiva.

  • Control inhibitorio.

Cuando los niños participan en juegos que exigen seguir instrucciones, cambiar estrategias o resolver desafíos motores, también están entrenando su cerebro.

No es casualidad que los estudiantes físicamente activos suelan mostrar mejores niveles de atención y disposición para el aprendizaje.

2. Fortalece la autoestima

Cada vez que un niño logra una nueva habilidad motriz experimenta una sensación de competencia y logro.

Aprender a montar bicicleta, lanzar una pelota con precisión o completar un circuito motriz genera confianza.

Estas experiencias permiten que los niños desarrollen una percepción positiva de sus capacidades.

La confianza construida a través del movimiento muchas veces se traslada a otros ámbitos de la vida, incluyendo el rendimiento académico y las relaciones sociales.

3. Desarrolla habilidades sociales

Los juegos y actividades motrices representan una oportunidad extraordinaria para aprender a convivir.

Esperar turnos, respetar reglas, cooperar, comunicarse y resolver conflictos son aprendizajes que ocurren constantemente durante las experiencias de juego.

En una época donde las pantallas ocupan gran parte del tiempo libre, los espacios de interacción motriz cobran todavía más importancia para el desarrollo de competencias sociales saludables.

4. Favorece la regulación emocional

El movimiento también ayuda a gestionar emociones.

Correr, jugar, bailar o participar en actividades recreativas permite liberar tensiones, reducir niveles de estrés y canalizar energía de forma positiva.

Muchos niños encuentran en el juego una forma natural de expresar emociones que aún no pueden verbalizar.

Por ello, el desarrollo psicomotriz está estrechamente vinculado con el bienestar emocional.

¿Qué ocurre cuando el movimiento falta?

La reducción de oportunidades para moverse puede tener consecuencias importantes.

Actualmente observamos niños que pasan largas horas frente a dispositivos electrónicos, con menos espacios para jugar libremente y explorar su entorno.

Esto puede reflejarse en:

  • Dificultades de coordinación.

  • Problemas de equilibrio.

  • Baja condición física.

  • Menor autonomía motriz.

  • Escasas habilidades sociales.

  • Menor tolerancia a la frustración.

No se trata de eliminar la tecnología, sino de recuperar el equilibrio.

Los niños necesitan movimiento tanto como necesitan descanso, alimentación adecuada y afecto.

El papel de la familia y la escuela

El desarrollo psicomotriz no es responsabilidad exclusiva de los docentes de Educación Física.

La familia, la escuela y la comunidad comparten esta responsabilidad.

Los padres pueden favorecer este desarrollo mediante acciones sencillas:

  • Promover juegos al aire libre.

  • Limitar el tiempo excesivo frente a pantallas.

  • Caminar en familia.

  • Jugar con pelotas.

  • Bailar.

  • Realizar actividades recreativas conjuntas.

Por su parte, las instituciones educativas deben garantizar experiencias motrices variadas, inclusivas y significativas que permitan a todos los niños desarrollar su potencial.

Desde la experiencia docente

A lo largo de los años trabajando en Educación Física, he observado algo que se repite constantemente.

Los niños que tienen más oportunidades para moverse suelen mostrarse más seguros, participativos y dispuestos a enfrentar nuevos desafíos.

No siempre son los más rápidos ni los más fuertes.

Muchas veces son aquellos que han tenido la posibilidad de explorar, equivocarse, intentarlo nuevamente y descubrir que son capaces.

Eso es precisamente lo que ofrece el desarrollo psicomotriz: oportunidades para construir confianza a través de la acción.

Y esa confianza puede acompañarlos durante toda la vida.

Reflexión final

Vivimos en una sociedad que suele valorar los resultados académicos visibles: las notas, los exámenes y los logros escolares.

Sin embargo, detrás de muchos de esos aprendizajes existe un fundamento que a veces pasa desapercibido: el movimiento.

Cuando un niño juega, corre, salta, se equilibra o lanza una pelota, no está perdiendo el tiempo.

Está construyendo conexiones neuronales.

Está fortaleciendo su autoestima.

Está aprendiendo a relacionarse con los demás.

Está desarrollando habilidades para la vida.

Porque antes de escribir una palabra, resolver un problema matemático o liderar un equipo, un niño necesita descubrir algo fundamental:

que es capaz de moverse, explorar, aprender y crecer en el mundo que lo rodea.

Y muchas veces, todo comienza con algo tan sencillo y tan poderoso como jugar.

¿Y tú qué opinas?
¿Crees que hoy los niños tienen suficientes oportunidades para moverse, jugar y desarrollar sus habilidades motrices? Comparte tu reflexión y continuemos construyendo juntos una educación más activa, humana y consciente.

Referencias

  • Aucouturier, B. (2018). Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz. Graó.

  • Le Boulch, J. (2001). El cuerpo en la escuela en el siglo XXI. INDE.

  • Piaget, J. (1976). La formación del símbolo en el niño. Fondo de Cultura Económica.

  • Gallahue, D. L., Ozmun, J. C., & Goodway, J. D. (2019). Understanding Motor Development (8th ed.). Jones & Bartlett Learning.

  • Wallon, H. (1987). Psicología y educación del niño. Visor.

Mgtr. Haydeé San Lucas P.
Directora de Ahumad Institute Campus Ecuador Ciencias de la Salud y el Deporte. Fundadora de Libérate y ConCiencia en Movimiento.

Profesional de la Cultura Física con experiencia en educación, recreación y bienestar humano desde el año 2005. Su trabajo integra movimiento, educación y conciencia desde una visión cercana, humanizada y transformadora.

Artículo publicado en ConCiencia en Movimiento

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