Aprender también es jugar. Una mirada desde la educación inclusiva

Aprender no significa únicamente memorizar contenidos. En este artículo, la Mtra. Paula Berenice Cobos Ximello explica cómo el juego, el movimiento y las emociones positivas fortalecen el aprendizaje y favorecen una educación verdaderamente inclusiva, respaldándose en evidencia científica y en su experiencia investigativa.

ARTÍCULO DE DIVULGACIÓN PROFESIONAL CON BASE CIENTÍFICA

Mtra. Berenice Cobos Ximello

8/2/20265 min read

APRENDER TAMBIÉN ES JUGAR

UNA MIRADA DESDE LA EDUCACIÓN INCLUSIVA

Por: Mtra. Paula Berenice Cobos Ximello

Columnista de ConCiencia en Movimiento

Durante décadas se pensó que aprender significaba permanecer sentado, guardar silencio y memorizar información. Sin embargo, las investigaciones en neurociencia, psicología y educación han demostrado que el aprendizaje es un proceso mucho más complejo y profundamente humano. El cerebro aprende mejor cuando las experiencias despiertan curiosidad, emoción, participación activa y sentido.

En una investigación realizada en Ciudad Juárez Chihuahua, México sobre la aplicación de estrategias ludo-kinestésicas en la enseñanza de las matemáticas a una alumna con Trastorno del Espectro Autista (TEA), se observó que el aprendizaje se fortaleció al incorporar el juego, el movimiento corporal, la manipulación de materiales concretos y la exploración del entorno.

El objetivo general de la investigación es propiciar emociones positivas a partir de estrategias ludo kinestésicas en alumnos con trastorno del espectro autista. Los resultados trascendieron el ámbito académico: se favorecieron la atención, la comunicación, la coordinación motriz, la interacción social, la autorregulación emocional y la confianza para resolver nuevos desafíos.

El presente texto es una mirada sustentada sobre la importancia del juego como estrategia pedagógica para favorecer aprendizajes significativos y fortalecer la educación inclusiva. El cual busca generar una reflexión entre docentes, familias y sociedad sobre la necesidad de transformar las prácticas de enseñanza, reconociendo que cada estudiante aprende de manera distinta y que la diversidad representa una oportunidad para innovar, construir comunidades más equitativas y garantizar una educación de calidad para todas y todos.

El juego

Al niño le emociona los jugos al aire libre, los juegos de mesa, por equipos, cooperativos, competitivos entre otros. El juego es tan placentero que el docente al estar inmenso en las acciones lúdicas puede llegar a perderse en el tiempo, por lo cual se recomienda una dosificación adecuada.

Dentro de los hallazgos de (Elkonin, 1980). Menciona que el juego es la actividad rectora de la edad preescolar. El juego garantiza la formación de aspectos indispensables para el progreso intelectual y personal del niño (Solovieva, 2014). El juego ayuda al desarrollo de formaciones psicológicas como la actividad comunicativa desplegada, la función simbólica en el nivel complejo, la actividad voluntaria, la autorregulación emocional, la personalidad (González-Moreno, Solovieva y Quintanar, 2014; González-Moreno, 2016a, 2016b; González-Moreno y Solovieva, 2016; Solovieva y González-Moreno, 2017).

En investigaciones realizadas con niños y adolescentes con discapacidad se han encontrado efectos positivos de la organización de la actividad en su esfera psíquica (Morales et al., 2011; Solovieva et al., 2012). En este estudio (Moreno, 2017) encontró que las interacciones en el juego ayudaron a que el alumno con TEA empezara a expresarse desde que sintió la necesidad de comunicación en el juego de roles con el uso de objetos.

El alumno con TEA empezó a tener iniciativa para comunicarse con los otros en el juego; así mismo, mostro intenciones comunicativas de manera verbal y no verbal. El alumno aprendió a iniciar una conversación, a proponer tópicos (relacionados, consecutivos y nuevos). El desarrollo de la función comunicativa en el juego posibilitó el desarrollo de habilidades pro - sociales.

El juego es un medio efectivo que contribuye con el desarrollo de habilidades comunicativas, emocionales y simbólicas en casos de autismo. (Moreno, 2017) menciona que la actividad tuvo impacto positivo en el desarrollo psicológico del niño, se propone de manera intencional y promueve el desarrollo de habilidades de correlación social que facilitan la interacción comunicativa en casos de autismo.

La neurociencia explica que las experiencias placenteras favorecen la liberación de neurotransmisores como la dopamina, la cual fortalece la motivación, mejora la atención y facilita la consolidación de la memoria. Esto significa que las emociones positivas no son un elemento adicional en el proceso educativo, sino un componente indispensable para que el aprendizaje ocurra de manera profunda y duradera.

Bajo esta visión, la educación inclusiva adquiere un significado aún más amplio. No se limita a integrar a estudiantes con alguna condición o discapacidad dentro del aula; implica reconocer que cada persona aprende de manera distinta y que la diversidad es una riqueza, no una dificultad. Una escuela inclusiva adapta sus estrategias, ofrece múltiples formas de enseñar y brinda oportunidades para que todos los estudiantes participen, aprendan y desarrollen su máximo potencial.

Las estrategias pedagógicas ludo-Kinestésicas, representan una valiosa herramienta para alcanzar este propósito, ya que eliminan barreras para el aprendizaje, favorecen la participación activa y permiten que cada estudiante encuentre caminos acordes con sus fortalezas e intereses. Cuando el juego se incorpora con una intención educativa, deja de ser un simple momento de entretenimiento para convertirse en un puente hacia el conocimiento, la autonomía y la inclusión.

Emociones en el juego

Uno de los beneficios de las emociones positivas, es mejorar los procesos evolutivos del desarrollo físico, cognitivo, y social de los individuos. Las emociones positivas tienen un objetivo fundamental en la evolución, en cuanto que amplían los recursos intelectuales, físicos y sociales de los individuos, los hacen más perdurables y acrecientan las reservas a las que se puede recurrir cuando se presentan amenazas u oportunidades; asimismo, incrementan los patrones para actuar en ciertas situaciones mediante la optimización de los propios recursos personales en el nivel físico, psicológico y social (Fredrickson, 2001).

El principio dice que cuando el individuo experimenta múltiples fuentes de estimulación emocional, las emociones se suman. (Jesus M.a Carrillo Susana Collado Nieves Rojo, 2006) En diversas investigaciones concuerdan con lo que menciona (Greco, 2010) en la infancia el desarrollo emocional se encuentra íntimamente ligado al desarrollo socio cognitivo del niño(a).

Se considera que una emoción es positiva si la experiencia subjetiva es percibida como placentera, si amplía el repertorio de pensamientos-acciones de una persona y si a consecuencia de experimentar este tipo de emociones se construyen recursos personales que conllevan a un desarrollo funcional y positivo en la infancia y un estado de bienestar lo cual se traduce en un indicador de salud mental (Greco, 2010)

Para desarrollar una habilidad y/o adquirir un aprendizaje, se requiere de sensaciones que provoquen motivación, interés, emoción, y para su conservación, se requiere de la práctica continua. La falta de actividades lúdicas, motrices, la carencia de estímulos sensoriales, genera un atraso enorme en el desarrollo de los niños con algún tipo de trastorno y/o discapacidad ya que son indispensables para su desarrollo y aprendizaje

Educar es mucho más que transmitir contenidos. Es crear experiencias que despierten la curiosidad, fortalezcan la autoestima y permitan descubrir el placer de aprender. Porque cuando una escuela comprende que jugar también es aprender, abre las puertas a una educación más humana, más equitativa y verdaderamente inclusiva.

Estos hallazgos confirman que el juego no debe considerarse únicamente una actividad recreativa. Desde una perspectiva pedagógica, constituye una estrategia didáctica que estimula funciones esenciales del cerebro como la atención, la memoria, el razonamiento, la creatividad, la resolución de problemas y las funciones ejecutivas.

Cuando un niño juega, experimenta, toma decisiones, se equivoca, intenta nuevamente y construye aprendizajes significativos. En realidad, jugar es una de las formas más naturales de aprender

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